sábado, 8 de junio de 2013

Mentira número 77: Que no puedo respirar

Y parece que cuando algo de sol ha conseguido filtrarse entre la persiana, la más absoluta oscuridad vuelve a inundar esa habitación que es mi cabeza. Esa, desordenada y rota, en la que me yo me muevo, en la que vuelo y me ahogo, pero es mi habitación, mi cabeza, y estoy a gusto en ese caos, mi caos. 
Supongo que será difícil salir de éste infierno, supongo que me costará, aunque también supongo -y espero-, que voy a conseguirlo. Y ya no sólo por mi bien, o por el bien de mi piel; también están ellos. Los que se preocupan por mí, esos que están sufriendo por mi culpa y no se lo merecen. Necesito salir de aquí; lo necesito.
Pero a veces lo veo tan imposible... no os imagináis lo adictivo que es ésto, lo enfermizo y lo deliciosamente horrible que puede llegar a convertirse. Por eso precisamente necesito salir de aquí, y por eso precisamente hay una parte de mí que ansía quedarse. 
Sacadme de aquí.
O no.

viernes, 7 de junio de 2013

Mentira número 76: Almohada, dulce almohada

Dicen, que lo bueno de tocar fondo es que ya sólo puedes subir. Esta semana tan sólo me he movido por el fondo, quizás por eso tocaba hoy remontar, aunque tan sólo fuera un poco. Al menos hoy me acuesto con restos de buenos momentos entre el pelo, al menos hoy, mi cabeza se ha llenado con algo de buenos recuerdos.
Antes este tipo de días me devolvían la ilusión, pero hoy siento que ha de ocurrir un milagro para que eso pase. Y soy atea, así que imaginad.

jueves, 6 de junio de 2013

Mentira número 75: Erupciones constantes

No hay tiempo para escribir, pero lo necesito. Están siendo demasiadas explosiones de emociones en apenas una semana, y yo sigo sin saber muy bien cómo afrontarlo. Arañazos en la tripa, lágrimas que se desbordan en mis ojos, sonrisas, felicidad efímera y tristeza constante. Es excesivo, todo es excesivo. Yo soy excesiva, y lo que siento, y cómo lo siento.
Al menos hoy me acuesto con algo de serenidad entre la piel. Esa serenidad que tanto estoy echando en falta estos últimos días.
Se me agotan las fuerzas, y así, arrastrando los pies -y el alma-, camino.
Supongo que esto es pasajero.
Supongo que será la adolescencia, o el verano.
Sólo espero que se termine pronto.
Porque yo,
yo ya no puedo más.

martes, 4 de junio de 2013

Mentira número 74: Siluetas

Pío Baroja, en una de sus obras, se denomina a sí mismo un "enfermo" por tener más sensibilidad de la necesaria. Aquí tenéis, pues, a la enferma de los enfermos, a la mayor infectada por ese sexto sentido que tan sólo tenemos los artistas.
Bendita enfermedad que me quita la vida poco a poco. Tan deliciosa como mortífera, me mantiene viva.
De contradicciones va la cosa, de constantes sinos, de demasiados cambios en periodos de tiempo demasiado reducidos.
Pero aquí me tenéis, aguantando. Como buenamente puedo, con la adolescencia malamente atravesada en la garganta.
Estaré bien. Quién sabe cuándo.
Pero estaré bien.

lunes, 3 de junio de 2013

Mentira número 73: Mamá

Salí de la cocina despacio. Esa canción de Queen resonaba en toda la estancia, y parte del salón. Entonces me volví un momento, y a través de la cristalera, una imagen sobrecogedora me sorprendió.
Mi madre y mi padre bailaban pegados -como la canción de Sergio Dalma-, al compás de los recuerdos y una efímera felicidad, de esa, tan pura. El inmenso sol que se filtraba entre la celosía de las ventanas creaba una cálida aura alrededor de los dos que, entre notas esperanzadoras, habían pasado a ser uno sólo. Y, casi hundida en el hombre de mi padre, pude entrever la cara de mi madre, me fijé un poco... sonreía. Había cerrado fuerte los ojos y en su rostro se dibujaba una pequeña sonrisa. Entonces sentí como ese calor que juntos habían generado se introducía en cada poro de mi piel, y se juntaba en mi pecho, haciéndolo rebosar, de alegría. 
Esa alegría que sólo aparece cuando has visto a tu madre al borde de un abismo insalvable, y de repente, una tarde de Junio, la ves sonreír. 
Esa alegría que te invade cuando esa sonrisa, como su portadora, te da la vida. 
Porque más que nadie, ella, se merece sonreír. 

domingo, 2 de junio de 2013

Mentira número 72: Parece que Junio quiere hacer las paces

Domingo. Como un abismo que aparece para convertir en polvo siete días en un segundo. Monótono y suave, filosófico y eterno, domingo.
Ya es rutina hacer balance de la semana los domingos. Y de la vida. Y de todo lo que soy y lo que llevo dentro. Esa es la clave, ¿qué llevo dentro este domingo?
Llevo dentro sonrisas, y el bohemio sonido de una guitarra. Llevo dentro su cama y mis uñas arañando su espalda. Llevo dentro a ella, como un pajarillo, y los rincones más remotos de Madrid. Llevo dentro el azul de un cielo que de tan claro, se torna transparente. Llevo dentro Diciembre, como siempre.
Y hoy, es uno de esos domingos, en los que los pájaros han matado a los fantasmas. Que resucitarán y volverán de su inframundo más fuertes que nunca... pero hoy me da igual.
Hoy, es domingo,
y me apetece ser feliz.