miércoles, 11 de septiembre de 2013

Mentira número 103: Tower over me

"(...) y de repente alguien se abre a ti, y le ves llorar por dentro, y por fuera, y le ves sangrar"

La plenitud supuestamente es un sentimiento que no puede ir a más porque precisamente lo pleno es aquello que alcanza un estado máximo de algo. Explicadme entonces cómo cada vez que sangro delante de ella siento que la plenitud dentro de mí se ensancha. Es técnicamente imposible -qué idiotez, si sé perfectamente que cuando se trata de amarillos nada es técnico, todo es abstracto e incorpóreo, todo es pleno-.
La miro a los ojos mientras habla y no me imagino la suerte que tengo de haberme topado con ese trozo de mi alma que sin saber muy bien por qué, en algún momento perdí. Porque aquí sabemos mejor que nadie que hoy por hoy es prácticamente imposible recuperar algo que un día perdiste. 
Inabordable, cierto, aunque cada día la tengo, como dice ella, más calada. 
Y eso sería imposible
si no la viera sangrar delante mía de vez en cuando. 

lunes, 9 de septiembre de 2013

Mentira número 102: Treguas

Creo que hay ciertos sentimientos en la vida a los que, a pesar de ser padecidos a menudo, nunca conseguiré acostumbrarme. Y quizás haya sido esta frase un simple preámbulo para soltaros ahora que no soporto ser presa de una eterna montaña rusa.
A pesar de llevar así ya prácticamente dos años, jamás me haré a la experiencia de empezar una tarde gris con la mente gris, y terminarla entre sonrisas inconscientes e inevitables.
Es curioso que todas las tardes en las que nada ni nadie conseguía deshacerme ese constante nudo en el pecho se hallan convertido en tardes en las que la rabia en el tórax es imposible de mantener por al menos dos horas. Porque desaparece, como diciendo "no puedo estar aquí más tiempo, ya lo estuve suficiente".
Y qué razón. Hubo tanto mierda en mí que ahora parece que no puede entrar más. Durante cuánto tiempo, me da igual. Cuánto durará esto, poco me importa.
No abriré guerras internas mientras se me estén curando las heridas.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Mentira número 101: Capicúa

Plenitud. Hace poco entendí el significado de esa palabra y de ese sentimiento, y suerte de haberlo experimentado dos veces en dos días seguidos. Y creo que los amarillos lo son, porque consiguen hacerme sentir plena. A ratos, a sonrisas quizás. Pero deliciosa y geniunamente plena.
Y si había algún tipo de duda acerca del color de Val, hoy ha desaparecido por completo. Ella es absoluta e irremediablemente amarilla. No podría ser de otra forma, si puedo pasarme noches en vela con ella, vaciándonos por dentro y sacando a pasear nuestros fantasmas. Jamás pensé que diría esto, pero el pasado duele menos -o quizás mejor- cuando encuentras a alguien que lo ha sufrido de la misma forma. Que ha forjado su carácter a base de los mismos golpes y las mismas heridas. Consuela saber que hay alguien ahí fuera que puede llegar a entender por lo que pasaste, lo que tuviste que soportar. 
Alguien con quien no te importa llorar, alguien con quien los silencios son tan sólo un "estoy aquí, a tu lado", alguien que ya se ha hecho un hueco casi físico aquí dentro. 
Y es que una vez más, sumida con ella en la noche de Madrid, he encontrado uno de los pocos lugares en el mundo en el que me puedo sentir, absolutamente a salvo (en sus brazos). 

sábado, 7 de septiembre de 2013

Mentira número 100: Qué mejor persona que tú

Podría escribir mil líneas sobre cómo me rompe verla desfallecer en el vuelo y caer en picado. Podría escribir mil poemas y mil delirios jurando que haría lo que fuera por salvarla, lo que fuera. Pero yo sé que ya hay demasiada tristeza ahí dentro como para escribirla aquí también.
Así que escribiré sobre toda la felicidad que ella enciende en mi pecho. Efímera, sí, pero plena. Plena como no he conocido una sensación parecida en todo el mundo. Plena como nadie me ha hecho sentir, jamás. Plena como sólo me hace sentir un pequeño gran ser amarillo.
Me habría gustado empezar este párrafo con un "lo que más me gusta de ella es", pero no sé ni si gustar es la palabra, ni si hay algo en ella que me "guste" más que el resto que la compone. Digamos que me llena. Me llenan sus grandes ojos marrones de gato callejero, a través de los cuales puedo ver ruinas, y luz, y ruinas, y uno de los artes más bonitos que he visto jamás. Me llenan sus manos, nerviosas a veces. Me llena su pelo y rebelde y de un color imposible -podríamos decir en este caso que el pelo es el reflejo del alma-. Me llena su habitación porque está impregnada de ella hasta en el más mínimo detalle. Me llena sentarme con ella en un parque una tarde cualquiera y terminar mentalmente cansada de andar por la inmensidad de nuestras cabezas durante horas, y horas. Me llenan hasta los silencios cuando estoy con ella. Me llena saber que mientras ella esté ahí, yo nunca estaré sola.
Y al fin y al cabo eso son los amarillos, ¿no? Personas tan, tan aferradas a tu alma que ya son parte de ella. Personas por las que sonríes, lloras, mueres. Personas que te han salvado de morir ahogada, aunque eh, a veces hay que ahogarse para ver qué hay en el fondo. Y el fondo del alma de mi amarilla es un tesoro que nadie comprende. Un tesoro inmenso y puro, un tesoro que yo tengo el privilegio de descubrir poco a poco y que jamás me cansaré de cazar.
Jamás existirán suficientes palabras para que consigáis entender el por qué de todo esto, de por qué la quiero tanto y la llevo tan dentro. Digamos que soy algo egoísta, que la hago sonreír porque necesito esa sonrisa para mí.
Estoy contigo, Meow. Siempre, siempre que te consuma la rabia. Y cuando veas la superficie y consigas coger aire, también estaré ahí.

No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.

Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.

Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el ciento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque cada día es un comienzo,
porque esta es la hora y el mejor momento

porque no estás sola,
porque te quiero.

-Mario Benedetti

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Mentira número 99: Estoy tan cansada que

Buenos días desde mi cabeza. Y lo son porque a mí me da la gana.
No importa el tiempo que pase fuera, Madrid siempre me espera con la misma mierda. Sentir que le das igual a cualquier persona de tu alrededor era más doloroso antes; supongo que de tanto padecerlo he dejado de sufrirlo tanto, y la verdad es que me gusta.
Jamás creí en eso de que los golpes te hacen más fuerte, pero estoy comprobando con el tiempo que no puede ser de otra manera. Darle más importancia a mis seres queridos no me hace bien, quizás yo necesito más mi atención que ellos.
Quizás aunque esté bien, Madrid es un punto en mi contra, y un campo de minas, por el que tengo que andar con más cuidado del necesario.
Todo sea por no volver al pozo.
No, me niego a volver a bajar allí una sola vez en la vida.
Me he cansado de ser vulnerable. Así que voy a probar eso que ellos tanto practican.

Yo, yo, yo, y después, yo también.

Al fin y al cabo aquí parezco ser la única que me quiere un poquito.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Mentira número 98: O desgraciada

Unas manos acariciando las mías a escondidas. Unos ojos que se clavan en mí mientras yo hago como que no me percato de que están en mi rostro, para que después se encuentren con los míos y todo estalle en una inevitable sonrisa cómplice. Palabras dulces y a la vez prendidas en fuego que quieren decir mucho más de lo que meramente expresan. Pájaros revoloteando rabiosos en la boca del estómago al leer su nombre.
Necesitaba todo esto, y ahora lo tengo, y no hay miedo.
Sí total, no se puede romper un corazón que ya está roto.
Me gusta pensar que en ese sentido soy...

¿inmune?