jueves, 19 de febrero de 2015

Mentira número 156: Casi las ocho de la tarde

Te echo de menos. Y lo digo por todas las veces que he querido gritarlo pero callé por no querer que me vieran sangrar. Te echo de menos cada día de la semana, te echo de menos en cada ocho de la mañana y en cada viaje en metro. Te echo de menos y se me clava en la garganta, y te juro que no soy capaz de recordarnos sin naufragar un poco. Cada vez que se pone el sol, cada vez que tengo sed y cada vez que vuelo entre el asfalto. Te echo de menos. Te echo terrible e irremediablemente de menos. Y tengo los pies destrozados de tanto querer salir corriendo a buscarte y tener que atarlos para frenar el impulso. Y llagas en la boca de morderme porque no lo haces tú. Pero, joder, no veas lo bien que se me da mencionarte sonriendo, y jugar a que se me ha olvidado tu nombre, y tener amordazado tu recuerdo.
Pero en el fondo, en ese fondo que no se ve pero araña y en el que tú te atreviste a asomar la mirada, me muero de ganas de quitarme este escudo de indolencia que es, por lo menos, tres tallas más pequeño que mi cuerpo, y cogerte la cara entre las manos, y decirte que no quiero volver a tener que echarte de menos de esta manera. Pedirte que no te vuelvas a ir. Como en septiembre, ¿te acuerdas?

pues claro que no

sábado, 3 de enero de 2015

Mentira número 155: Año nuevo, vida nueva, y una mierda

Me he puesto guapa para salir a destrozar cosas, como hacen las malas de las películas. No tengo ningún tipo de plan B, y el A ya no sirve porque me lo he fumado. Tampoco tengo ni idea de cómo voy a seguir con todo esto, pero me apetece ver qué sale de una cabeza sin pretextos, me apetece ver qué pasa cuando se te acaban los sueños y las ganas y el miedo. Las aspiraciones las dejo para los cigarros encendidos. Y del resto sigo sin tener ni idea.
Empieza un año nuevo y me apetece jugar a que tengo otra oportunidad virgen para volver a pasármelo bien haciéndolo todo mal. Yo tampoco sé de dónde sale toda esta soberbia, supongo que se me agotó la tristeza, y mientras espero a que vuelva lo mejor que puedo hacer es volar desnuda. Porque siempre vuelve. Y porque desnuda estoy más guapa.
Tres de enero, tengo más dudas que propósitos y más propósitos que ganas. Cualquier excusa es buena para llamar a Lurp y que venga a bailar conmigo al son de cualquier cantante comercial de mierda; cualquier excusa es buena ya para sonreír. Me esperan los peores cinco meses de mi vida, tengo el corazón roto en diez pedazos desiguales (en honor al argentino Salem) y soy incapaz de mantener la concentración más de media hora para hacer de mi vida algo digno y con fundamento útil. Pero cuando entra el sol por la ventana del salón y huele a velas perfumadas de fresa, y no hay nadie en casa y suena Bob Dylan más alto de lo que debería, y aún quedan cinco días para armarse de valor y has dormido trece horas y te sientes como esas chicas morenas y guapas de las fotos, cualquier excusa es buena para sonreír.
Me apetece jugar a ser feliz, a ver si les explota la cabeza viéndome sonreír.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Mentira número 154: Sigo odiándote

Me miran como si estuvieran algo menos perdidos que yo, mientras arrastran sus cadenas a la altura de su coraje. Siempre he pensado que todos estamos igual de asustados, solo que algunos lo disimulan mejor. Y yo soy la cobarde por no querer sonreír ante su alarmante simpleza, ante todas sus mentiras y su vida de usar y tirar. Pero yo soy la cobarde.
Pero si yo soy la cobarde, si yo soy la del error constante y la ignorancia de lo importante, si de verdad creen que no son maneras, quiero que se atrevan a pasar un día en esta cabeza. Que tomen las decisiones que yo tomé y vean si duele, que sean libres por primera vez en su puta vida a pesar de que eso conlleve todos los escombros del mundo. Quiero que me acompañen durante una sola noche, y prueben conmigo el antídoto de destruirse y entender después que es la única forma eficaz de crecer. Quiero que se callen, que se callen todos y escuchen. Y luego quiero que se vayan.
He decidido hacer lo mismo que hizo Irene. Voy a coger todas esas ausencias y hacerla una, corpórea y casi tangible, una figura de curvas con niñas muertas y manos llenas de heridas de pincharse con las estrellas. Y después, voy a enamorarme de ella.

martes, 2 de diciembre de 2014

Mentira número 153: Hoy también

Que tengo mala cara, dice. Qué cara se supone que se tiene que tener cuando no te encuentras ni en la mirada del espejo. Qué cara supuestamente he de llevar puesta cuando no soy. Cuando no estoy, nunca, ni siquiera los martes cuando debería estar triste y echarte de menos. Qué gesto tiene que acompañarme cuando me echo de menos.
Me miran a veces como si fuera fuerte. Como si toda esta lucha viniera de todo lo que tengo que no puedo perder y he de proteger con el alma. Nadie me sostiene la mirada porque no dejo que vean que soy tan sólo la silueta de otra niña invisible que intenta llegar por medio de la tristeza, del amor, de la música. Que intenta llegar. Pero no llega. No llega porque no tiene destino, no llega nunca porque nunca la están esperando.
Debería abrir los ojos si supiera con certeza que los tengo cerrados. Los cerraría para descansar si los sintiera abiertos. Me recuerdo a la niña que se arrancó la mirada cuando vio por primera vez su corazón hecho pedazos. A la historia que conté una vez, de la niña. Y me aterra que el no ser capaz de escribir más historias sea porque ahora las historias que conté me están escribiendo a mí. Me hiela pensar que todo esto es tristeza, porque no era esto lo que tocaba. No ahora. No otra vez. No siempre.
Estoy tan cansada que lo único que me apetece es terminar de destruirme.
Pero hasta para eso soy cobarde.

martes, 25 de noviembre de 2014

Mentira número 152: La rutina del no

"Ausencias; ausencias en cada rincón de mi absurda vida. Ausencias los martes, los domingos, los atardeceres. Ausencias hasta de gente que no se ha ido. Aún. Ausencia de ti. Y luego deseos, y besos al aire, y canciones que hablan de todo, de mí pero nunca conmigo, canciones que  me duelen y no entiendo. Canciones de ti. Y luego la noche, los ojos a punto de estallar y el rímel deshecho, la cabeza en las nubes del subsuelo y los pies en la estratosfera del salto al vacío que implica tu recuerdo. Y el corazón en ti. No tengo corazón. Soy corazón. Soy coraza. Soy todo lo que anhelo y son tanto que a veces me mataría. A veces te mataría. A veces te mataría. 
Pero es tarde, y tengo que acostarme para luego despertar y acostarme después otra vez, y así hasta que esa envergadura alar de la que habla Víctor me quiera sacar de este océano de mierda donde mi deriva es la canción 01. No tengo corazón. Pero tengo todas estas ausencias, que abultan más."

Continúa la agonía. A veces me echo tanto de menos que las ganas de destruirme son casi más fuertes que el miedo a perderme por completo. Continúa la agonía, y tú no estás. Nadie está. Ya no estoy.

miércoles, 12 de noviembre de 2014