miércoles, 25 de noviembre de 2020

mentira número 182: quién

ustedes no me dejan aferrarme a la rabia. dicen que es vulgar. que debilita.
me apartaron de la rabia porque la elegancia está por encima de todo, y el perdón nos hará libres, como el trabajo en los campos de concentración del III Reich. hace años se llevaron también la misericordia.
sin rabia ni misericordia, siendo además la enajenación un oprobio, todo se convirtió en un intento fallido por sobrevivir a lo que nos desborda. con cafés descafeinados y yoga trivializado, frases de autoayuda que leídas al revés son inducciones al suicidio, canciones que nadie escucha y mentira; mucha mentira.
pero no una mentira despiadada, premeditada, ni siquiera inteligente; sino una mentira a nosotros mismos, hacia nosotros mismos. una pseudometaverdad. esas que huelen peor, que pesan más, que son más feas más insignificantes más benignas en pequeñas dosis, más letales cuando se convierten en credo. 
sin rabia ni misericordia ni verdad al menos me dejarán que señale la tristeza que advierto en los ojos de quien miro, y me mira. silenciosa como un río subterráneo, fundamental como el carbono. tan honda ya que ni siquiera la percibimos, como ese olor que desaparee al acostumbrarnos a él.
sin rabia ni misericordia ni verdad ni alegría, dime quién se salva. 
dime quién querría salvarse.

mentira número 181: posdata: vete a tomar por culo

 si nunca supiste quererme como necesitaba no sé de que me sorprendo ahora que has dejado de hacerlo de la misma manera. curiosa es la forma en la que ambas nos perdemos en nuestras propias palabras intentando justificarlo. tú desde la incapacidad, desde el anhelo, desde la huida, aferrada a un deus ex machina que en vez de deshacer conflictos, los genera dentro de ti, sin que tú puedas hacer nada por evitarlo. yo desde esta forzada distancia, desde la inducida comprensión, desde la férrea creencia de que en el fondo sólo es esto lo que podía, debía suceder, intentando que la tierra de mis uñas pese más que la pena de mi estómago, intentando siempre darle un por qué. como si la muerte entendiera de por qués.

a veces deseo que te hubieras muerto. hace un rato veía (o más bien dejaba pasivamente reproducirse en la televisión) la famosa película romántica Posdata: te quiero. he querido que fueras Gerard Butler. he querido llorar tu muerte como Hilary Swank, sin perder la compostura ni la belleza, rodeada de mis amigas mientras poco a poco dejo que entre en mi vida un nuevo amor, sin perder por supuesto el romanticismo de la pérdida, que por supuesto en ningún momento me hace retorcerme de dolor, me hace estar demacrada, me hace oler mal, vestir mal, quebrarme sobre el suelo. he querido ser Hilary Swank lamentando pero no mucho la muerte de su amado. no he querido que siguieras viva, rehaciendo tu vida, con tu puto gato, tus putas fotos en las redes y tus putos amigos de película, con tu increíble capacidad para que nunca sea tu culpa pero siempre interpretar el papel del culpable atormentado haciendo que hasta te quede bien, como todo lo demás. he querido que te hubieras muerto, que nunca hubieras elegido no estar a mi lado, que hubiera podido ser yo la que, como tantas veces reproduje en mi mente, decía "eres maravillosa mi amor yo te quiero te quiero tanto te he querido tanto pero así no ya no ódiame si quieres eres tan buena lo hiciste tan bien lo hemos hecho lo mejor que hemos podido ha sido bello gracias por todo ahora me voy porque en el fondo no te quiero tanto no te quise tanto en el fondo me rindo porque ya no me haces falta porque nunca me hiciste falta nunca me interesaste tanto como para parar un poquito mi maravillosa ajetreada importantísima vida y mirarte un segundo a los ojos y permitirme sentir el amor que te mereces"

pero te me adelantaste. y si hay algo que me duele más que tu recuerdo tan nítido tan idealizado tan palpitante por las noches, es no haber sido la que se rendía primero. yo te di mi sudor y mi silencio, te aparté el pelo de la cara, sostuve tus piernas en el abismo sostuve tu esternón en el abismo sostuve el desastre que dejabas a tu paso, y en ese sostener quebré mis uñas agrieté mi piel desgasté mis manos, tú nunca te giraste a mirarme, yo nunca tuve la suficiente poca entereza para pedírtelo

apreté los dientes contra el cristal que nos separaba con esquirlas clavadas en los ojos que me impedían ver que ya no estabas al otro lado, que más allá de mi sudor y mi silencio ya no había pelo ni piernas ni abismo ni desastre ya no había nada

y yo con las uñas quebradas y esquirlas en la mirada, y el hueco de ese sudor y de ese silencio que ya son tuyos para siempre, que ya no me puedes devolver que yo ya no quiero porque a diferencia de ti yo te los di por voluntad, por premeditación, por lealtad, por honestidad, por justicia, por goce, por dignidad, por honestidad, por amor

te los di por amor

y ya ni siquiera sé lo que eso significa. o más bien, no quiero que en ningún caso signifique lo que yo sentí por ti, porqué si es así

prefiero ser yo Gerard Butler antes que volver a sentirlo 

domingo, 13 de septiembre de 2020

mentira número 180: verborrea

Hoy quise escribir después de meses sin hacerlo. Después de llegar a la conclusión de que no sirve para nada, hoy quise escribir como acto de revolución; de supervivencia. Por si mañana desaparezco. Quise volver a este lugar remoto, a este romanticismo inservible, a esta prosa ínfima. Quiero escribir tras entender que no es cuestión de significante ni significado, de imagen ni metáfora, ni siquiera de belleza. Escribo porque es el único cable que me conecta ya con esta tierra. Esta tierra arrasada y yerma, revuelta e inundada, violada y caricaturizada. Esta tierra que es lo único que piso, lo único que veo. Quise creer que los actos dicen más; y, en parte, aún quiero. Pero después de ser actante y dejarme la piel intentando darle sentido a esta consecuencia absurda de pasados, a esta aglomeración ecléctica de presentes, a este vaticinio agotador de futuros; después, sólo me quedaron las palabras. Este lugar remoto, este romanticismo inservible, esta prosa ínfima. Como si escribieran los cien años que me habitan, como si nada se hubiera escrito antes y no fuese a escribirse nada después. Como acto de revolución, como acto de supervivencia. Escribo para decir que estoy agotada. Que quizás me mate. Que quizás haga historia. Que ambas son, en el fondo, lo mismo. Y que ninguna de las dos importa.

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Si sólo existe lo tangible, lo utilizable, lo presente, cómo es que son tan altas las voces que resuenan entre mis sienes, cómo es que siento lo que no entiendo, entiendo lo que nunca sentí y creo lo que no ha existido. Si yo soy yo y no hablo así, cómo es que brotan estas palabras en mis dedos, presa de una verborrea ancestral, ineludible, más grande que los bosques, más profunda que el mar. Si nada puede salvarme cómo es que no me he rendido ya; cómo es que conviven los contrarios en el espacio y el tiempo, cómo es que es lo imposible, lo antagónico, cómo es que se contiene lo uno a lo otro, lo esto a lo aquello. Si la mente es fruto de un cuerpo, cómo es que excede a lo humano. Cómo es que cabe todo eso en mí. Cómo me relaciono con ello, cómo lo mato, cómo lo riego, cómo lo extirpo, cómo lo cuido.

Yo ya no puedo más.

viernes, 10 de julio de 2020

mentira número 179: las tres menos ocho minutos

¿no era esto lo que querías? la vida adulta. la casa sola. los platos en la pila. el té en la mesa. el cigarro por la noche. ¿no era esto? saber quién eres más allá del ruido. dejar de confundir la soledad con la tristeza. parecía sencillo cuando todo lo demás estaba desordenado. cuando había voces por todas partes, colores por todas partes, luces y música; luces y música. quizás era esto, sí. comprar fruta. trabajar en casa. contar dinero. apagar el móvil. resulta que no es tan liberador como parecía. resulta que enfrentarme al silencio no era romántico ni poético; es cotidiano, terrenal, absurdo, mediocre. bello, aún así. callado, como siempre quise. pero dentro nunca está callado. el silencio no llega. releo y releo mis palabras. resuenan en las paredes de mi cráneo, histéricas, deformes, dispares. bellas, aún así.
últimamente no duermo bien. ni siquiera madrugando, ni siquiera cansándome, ni siquiera con ella. últimamente me enfado por cosas por las que creí haberme dejado de enfadar hace mucho tiempo. y vuelvo a sentirme una niña en el pupitre, pendiente de todo, sensible a todo, como en carne viva. pero mucho más cansada. las fotos, las canciones, los amigos; al final todo eso no era tan importante como creí. al final está la casa sola, los platos en la pila, el té en la mesa. el reloj del salón, los aspersores, los mosquitos, la lavadora, el verano. siempre el verano llegando como un tsunami que lo desordena todo y lo silencia después.
y es ese silencio. aterrador, definitivo, llano, hondo. sencillo en el fondo.
y yo en el medio.
cansada, enfadada, ansiosa, triste, poderosa, ínfima, desorientada.

en el fondo tengo más sueño del que creo

miércoles, 1 de julio de 2020

mentira número 178: conclusión

no escribas desde la rabia. gestiona, respira, perdona. no mientas, no pongas mala cara. sonríe, agradece, disculpa. sé tú misma pero no mucho, ve lejos pero depende de cómo, de cuánto, revélate mientras sea válido, estético, poético. sangra y escríbelo, pero que no se te vea, queda feo. comprende pero imponte, date valor pero cíñete a la definición de valor que se te enseñó, y cuestiónalo todo menos eso. ama pero sé fuerte. ama pero no fuerte; es obsceno. es injusto. ten amigos, sé fiel, ríete y bebe, pero mantén el tipo y produce, sé útil, levántate pronto, muévete rápido, come bien, viste bien, besa bien. sé educado pero transgresor, sé insolente pero depende de dónde, y si algún día te equivocas lo habrás hecho pa siempre. actualízate, infórmate, ten una opinión para todo pero sé humilde, sé zen, chi, mindful, healthy. sé dios pero no lo digas, sé humano pero no lo enseñes, olvídate de lo que has aprendido pero ten información para sobrevivir, para no ser un animal, una alimaña, una bestia. no te quedes atrás pero no corras; la gente no podrá seguirte. mantén la esperanza pero no creas en nada. sé nihilista, relativista, romanticista. folla pero sólo con las personas necesarias, con los fluidos necesarios, por los motivos necesarios. enamórate pero que no duela; sé racional, imparcial, generoso, comprensivo, individualista, desapegado... pero enamórate. y usa para ello versos de Lorca, canciones de Silvio, cuadros de Schiele; pero sólo como símbolo poético. luego, ama sin romanticismo. ama con razón.

y si no entiendes las reglas, finge

o mátate

:)

domingo, 10 de mayo de 2020

mentira número 177: un suspiro

Sé que algo no va bien cuando el simple hecho de pensar en ponerle palabras a lo que siento me genera una mezcla entre miedo, desidia y pereza. Siempre lo he sabido. Cuando prefiero coger el móvil y deslizar el dedo por palabras y fotos ajenas, hacerme un té o simplemente mirar por la ventana. Cuando no quiero escribir sobre cómo me siento, es ahí dónde sé que se ha apretado el nudo.
Últimamente no me encuentro en lo que es mío. He dejado tanto en las canciones, las entrevistas, su cama, la fruta que le compro a Ahmed, los ejercicios, los abrazos a mamá, las series de televisión, las redes sociales, las conversaciones con Luci, los pensamientos en la pandemia, mi hermano, la ducha, la comida, la cerveza de después de cenar, las miradas inconscientes a la pantalla de mi móvil a ver si ella ha escrito... he dejado tanto de mí en todo eso que últimamente me levanto de la cama y no tengo ni idea de cómo enfrentarme al día. Hago cosas, hablo con la gente, me muevo, sudo, tarareo canciones, cocino, pierdo el tiempo. Todo ello impulsada por una especie de fuerza mínima invisible, una inercia insulsa y tenue. No tengo pasión. A veces siento un poco de miedo, un poco de calma, un poco de felicidad, un poco de añoranza, un poco de rabia. Pero no encuentro la pasión. No sé si la perdí o me la ahogaron, no sé si me la dejé en pensar en ella, en mis canciones o en el fin improbable de este encierro. El caso es que cada mañana abro los ojos, y no siento nada. Me tomo el café y no siento nada. Me abraza mi hermana y no siento nada. Me siento a escribir y no siento nada. Llega la noche, cierro la tapa del portátil, apago las luces, cierro los ojos. Y nada. Sólo algo de miedo de que ella se aleje y yo no sepa curarme, de que todas las buenas ideas en las que creo y que tengo dentro de mi cabeza se queden ahí y jamás nadie las vea, y sea pobre y me apague, de que nada vuelva a ser como antes. Pero ni siquiera ese miedo es para tanto. Nada es para tanto.
Me preguntan que cómo estoy y me quedo en blanco. Sabría cómo estoy si supiera dónde. Pero no me encuentro. Y lo peor es que en el fondo me da un poco igual.