domingo, 11 de julio de 2021

mentira número 186: esto era una prueba

Me cuesta saber quién soy cuando paro de hacer cosas. Como una especie de respuesta sorda a meses de ruido interno, externo, intermedio, subterráneo. Me cuesta saber quién soy cuando todo se calla porque me he acostumbrado a la guerra. En los días más oscuros de la depresión, lloraba y le decía a Toni que se me había olvidado lo que me hace sentir bien. No había ni pizca de poesía en esas palabras. Literalmente, se me ha olvidado qué es lo que hago cuando no estoy haciendo nada. Cuando aparto el teléfono móvil y no estoy yendo a ningún sitio ni volviendo de ningún lugar, y no tengo sueño y no tengo que fregar el baño o hacerme la comida, o ducharme. Mi cabeza se paraliza, como un animal en la noche alumbrado por los faros de un coche en mitad de la carretera. No pasa nada. Me levanto y me siento, paseo por la casa, escucho lo de fuera, me muerdo los pellejos de los dedos. Nada. Me ha costado horrores comenzar esta entrada, y continúo obligada por el pacto interno de deshacer el nudo. Aún me paraliza el miedo de no tener nada que contar, aún mi cabeza se hiela cuando intento ponerle palabras a esto. Yo, la de los quince discursos internos inextinguibles y simultáneos.

Miguel me dijo una vez que después de la depresión no vuelves a ser el mismo. Supongo que la mente es más lista que uno, y que ese era precisamente el objetivo. Yo me pregunto si realmente puede ser posible que todo lo que alguien es se desdibuje de esta forma. Me quiero convencer de que la que seré, es mejor que la que fui. Pero ahora mismo, no conozco a la que soy. A la que me hace vagar por la casa, asustarme cuando hay silencio, temerle a la música, al amor, al éxito, a no saber a qué hora tienes que estar ni en qué lugar. A la que lee a las palabras que escribió la que fui admirándolas, como si no fuese capaz de generarlas yo, como si nunca lo hubiese sido. Me miro extraña desde lejos, intentando iniciar esa cadencia que todo el mundo dice me llevará de vuelta al calor. A ser la niña que baila.

Pero quizás no soy esa niña. Y la que calla está cansada. Y la adulta es aburridísima.

Mierda.

miércoles, 6 de enero de 2021

mentira número 185: "todo bien, ¿y tú?"

Mírame. Estoy escribiendo un montón de correos. Estoy organizando mi vida futura en cuadrículas digitales, todo ha quedado apuntado para que la eficacia sea óptima, para tener siempre a mano mis horarios. Como hacen las personas adultas. También he puesto a punto mis facturas, he revisado mis ingresos y mis gastos, he limpiado de polvo mi habitación, he hecho café, me he puesto muy seria. Aún no me he hecho la cama porque siempre me ha parecido un acto inservible, pero quizás este sea el año en el que empiece a hacerlo. Y, además, me he decidido a leer Los hermanos Karamazov. Porque eso es lo que hacen los adultos, ¿no? Mírame. Toda seria. Reconduciendo mi vida según unos parámetros que parecen funcionarle a todo el mundo a mi alrededor. Desayunar fruta, beber agua, actualizar el calendario, hacer cuentas, decir muchas veces la palabra “curro”, darse importancia pero no mucha. Ocultar la tristeza. Dejar de lado todo aquello que nos hace sentir miserables, o al menos encerrarlo en una cajita pequeña dentro de nuestro tórax que solo podremos abrir bien entrada la madrugada con cierto porcentaje de alcohol en sangre como pretexto. Porque ser adulto es estar bien, aunque no lo estés. Es hacer cosas aunque tengas el alma rota y los pies rotos y la voz rota, aunque no haya ni una sola cosa en el mundo que, en realidad, te apetezca hacer. Que nadie lo note. Es obsceno. Es injusto para los niños de África. Tú tienes que estar bien porque tienes un buen móvil hecho de un coltán en el que muchos menores de edad se han dejado la infancia y la sangre. Tienes que estar bien porque el sol brilla a este lado del río, porque, en el fondo, no hay motivos para estarlo. Todo lo que pasa por dentro es mentira, es evitable, es fútil, es innecesario, sólo está en tu cabeza. Todo está en tu cabeza. Y es bien sabido que la cabeza puede sonar más bajito. Con auto ayuda, con lorazepames, con un diíta en el campo. O, como dice mi osteópata, respirando. Sólo respirando, y entrando así en equilibrio. A mí cuando me dice eso me dan ganas de responderle “tú lo que eres es un hijo de la gran puta”, pero no es eso lo que hacen los adultos. Los adultos ponen buena cara y asienten. Todo el rato. Y toda esa mierda que les encantaría soltar por la boca la guardan dentro de sí mismos, en la cajita pequeña dentro del tórax. Porque así se pagan las facturas. Así se cumplen los horarios. Así se reduce el abdomen. Así se está guapo. Así se está bien.

domingo, 13 de diciembre de 2020

mentira número 184: ojalá no te hubiera conocido nunca

me encantaría me encantaría poder alegrarme por ti que el brillo de tus ojos encendiera las yemas de mis dedos pero te odio te odio con todo mi ser con las yemas de mis dedos con el brillo de mis ojos que te llevaste como todo lo demás que no era tuyo y te llevaste y me dejaste así cargando con este odio este odio que me hace más daño a mí que a nadie este odio que no me merezco sentir este odio que no te toca como absolutamente nada nada de toca nada que no sale de ti te compunge mientras a mí me destroza todo lo ajeno y más ahora sin calor en mis dedos más ahora sin brillo en mis ojos más ahora con odio entre los dientes entre mis piernas entre mi pelo y me pesa la cabeza me pesa y se me hunde en la tierra y sólo puedo desear alegrarme por ti pero sólo puedo odiarte y me hundo me hundo me hundo

sábado, 28 de noviembre de 2020

mentira número 183: quiero hablar de todo lo demás y siempre acabo hablando de ti

quiero hablar de todo lo demás y siempre acabo hablando de ti

de mí, que al fin y al cabo no es tan distinto 

mi casa es un estercolero de amor

mi casa es un estercolero de recuerdos

pero al menos llamo hogar a mi casa y eso ya es un símbolo que rebosa

en ese estercolero se amontona todo lo que fui y se fusiona con todo lo que soy

siempre tú apareces en el medio de mis demonios

siempre tú con la boca afilada y los ojos chicos

chicos como la cobardía

chicos como ese corazón en el que ponemos tanto

sobre el que apoyaomos tanto

para luego mirarnos al espejo y que solo el silencio nos responda


da igual cuántos focos apunten a tu rostro

da igual cuántos nombres ajenos hayas acumulado en tus manos

si al final todo se reduce al silencio al espejo al estercolero

no desde la desesperanza sino desde la certeza

no queriendo elaborar una doctrina sino trazar una fina línea

un hilo sobre el que sostenernos


nadie merece todo este cansancio

ni siquiera nosotros mismos y aun así


aún así quiero hablar de todo lo demás y siempre acabo hablando de ti

porque habitas en mí como todo lo que he amado

habitas en mí como yo misma y todo lo que predico odiar

todo lo que necesito predicar que odio para sentir esa entereza

todo lo que sentencio en mi necesidad absurda e imperiosa de trazar mi propio continente

mi propio contenido


sólo somos lo que queda cuando la razón duerme

ni siquiera poesía

ni siquiera honestidad

ni siquiera nuestro propio nombre


solo el aliento y la luz tenue

solo el aliento

y la

luz

miércoles, 25 de noviembre de 2020

mentira número 182: quién

ustedes no me dejan aferrarme a la rabia. dicen que es vulgar. que debilita.
me apartaron de la rabia porque la elegancia está por encima de todo, y el perdón nos hará libres, como el trabajo en los campos de concentración del III Reich. hace años se llevaron también la misericordia.
sin rabia ni misericordia, siendo además la enajenación un oprobio, todo se convirtió en un intento fallido por sobrevivir a lo que nos desborda. con cafés descafeinados y yoga trivializado, frases de autoayuda que leídas al revés son inducciones al suicidio, canciones que nadie escucha y mentira; mucha mentira.
pero no una mentira despiadada, premeditada, ni siquiera inteligente; sino una mentira a nosotros mismos, hacia nosotros mismos. una pseudometaverdad. esas que huelen peor, que pesan más, que son más feas más insignificantes más benignas en pequeñas dosis, más letales cuando se convierten en credo. 
sin rabia ni misericordia ni verdad al menos me dejarán que señale la tristeza que advierto en los ojos de quien miro, y me mira. silenciosa como un río subterráneo, fundamental como el carbono. tan honda ya que ni siquiera la percibimos, como ese olor que desaparee al acostumbrarnos a él.
sin rabia ni misericordia ni verdad ni alegría, dime quién se salva. 
dime quién querría salvarse.

mentira número 181: posdata: vete a tomar por culo

 si nunca supiste quererme como necesitaba no sé de que me sorprendo ahora que has dejado de hacerlo de la misma manera. curiosa es la forma en la que ambas nos perdemos en nuestras propias palabras intentando justificarlo. tú desde la incapacidad, desde el anhelo, desde la huida, aferrada a un deus ex machina que en vez de deshacer conflictos, los genera dentro de ti, sin que tú puedas hacer nada por evitarlo. yo desde esta forzada distancia, desde la inducida comprensión, desde la férrea creencia de que en el fondo sólo es esto lo que podía, debía suceder, intentando que la tierra de mis uñas pese más que la pena de mi estómago, intentando siempre darle un por qué. como si la muerte entendiera de por qués.

a veces deseo que te hubieras muerto. hace un rato veía (o más bien dejaba pasivamente reproducirse en la televisión) la famosa película romántica Posdata: te quiero. he querido que fueras Gerard Butler. he querido llorar tu muerte como Hilary Swank, sin perder la compostura ni la belleza, rodeada de mis amigas mientras poco a poco dejo que entre en mi vida un nuevo amor, sin perder por supuesto el romanticismo de la pérdida, que por supuesto en ningún momento me hace retorcerme de dolor, me hace estar demacrada, me hace oler mal, vestir mal, quebrarme sobre el suelo. he querido ser Hilary Swank lamentando pero no mucho la muerte de su amado. no he querido que siguieras viva, rehaciendo tu vida, con tu puto gato, tus putas fotos en las redes y tus putos amigos de película, con tu increíble capacidad para que nunca sea tu culpa pero siempre interpretar el papel del culpable atormentado haciendo que hasta te quede bien, como todo lo demás. he querido que te hubieras muerto, que nunca hubieras elegido no estar a mi lado, que hubiera podido ser yo la que, como tantas veces reproduje en mi mente, decía "eres maravillosa mi amor yo te quiero te quiero tanto te he querido tanto pero así no ya no ódiame si quieres eres tan buena lo hiciste tan bien lo hemos hecho lo mejor que hemos podido ha sido bello gracias por todo ahora me voy porque en el fondo no te quiero tanto no te quise tanto en el fondo me rindo porque ya no me haces falta porque nunca me hiciste falta nunca me interesaste tanto como para parar un poquito mi maravillosa ajetreada importantísima vida y mirarte un segundo a los ojos y permitirme sentir el amor que te mereces"

pero te me adelantaste. y si hay algo que me duele más que tu recuerdo tan nítido tan idealizado tan palpitante por las noches, es no haber sido la que se rendía primero. yo te di mi sudor y mi silencio, te aparté el pelo de la cara, sostuve tus piernas en el abismo sostuve tu esternón en el abismo sostuve el desastre que dejabas a tu paso, y en ese sostener quebré mis uñas agrieté mi piel desgasté mis manos, tú nunca te giraste a mirarme, yo nunca tuve la suficiente poca entereza para pedírtelo

apreté los dientes contra el cristal que nos separaba con esquirlas clavadas en los ojos que me impedían ver que ya no estabas al otro lado, que más allá de mi sudor y mi silencio ya no había pelo ni piernas ni abismo ni desastre ya no había nada

y yo con las uñas quebradas y esquirlas en la mirada, y el hueco de ese sudor y de ese silencio que ya son tuyos para siempre, que ya no me puedes devolver que yo ya no quiero porque a diferencia de ti yo te los di por voluntad, por premeditación, por lealtad, por honestidad, por justicia, por goce, por dignidad, por honestidad, por amor

te los di por amor

y ya ni siquiera sé lo que eso significa. o más bien, no quiero que en ningún caso signifique lo que yo sentí por ti, porqué si es así

prefiero ser yo Gerard Butler antes que volver a sentirlo